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domingo, 16 de octubre de 2016

Los ojos de las arañas



Así como un perfumista sumerge su alma en el goce de las fragancias, cada tanto, las pócimas destinadas a encantar corazones, someter mentes y dominar vidas, transforman mi dicha en plena felicidad.

Ser bruja es un don que se hereda y perfecciona de generación en generación, con sumo cuidado.

Afuera la gran tormenta del pacífico, rasguña cristales, quiebra ramas, hunde barcazas, bajo los flashes de relámpagos azules, en medio de la noche plagada de espanto y desolación.

Le he prometido a la niña, que suyo será el amor, suyo su cuerpo y más suyo aún, su codiciado corazón.
                                               




Hierve lentamente el agua de romero con algunas flores de lavandas, maderas de oriente, almizcle y azahares. Siete gotas del sudor de su cuerpo, pedacitos de uñas, saliva y algunos cabellos pubianos de la joven.

No voy a revelar los secretos de mi receta infalible, pero puedo asegurar que hay muchos más condimentos secretos en esta poción tan especial. Elementos de la naturaleza, minerales, polvo de huesos y algunos otros, que prefiero reservar...

Jamás ha fallado esta sopa de ilusiones, en medio de tanto desencanto de amores no correspondidos, sueños quebrantados y promesas incumplidas. Mi hechizo es infalible, certero, para siempre y aún más allá de la misma muerte, tan poderosa ella y tan frágil a la vez.

Sólo me falta agregar al humeante líquido, porque ha sido lo más complicado en conseguir, los ojos de tres arañas, que aguardan inmóviles dentro de una cubeta de cristal. No me agrada demasiado hacer esto, pero es garantía de eficacia.

En pocos días, una nueva pareja, amorosa y feliz, traerá alegría a la pequeña aldea...Ya lo verán!






Rita Mercedes Chio
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