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lunes, 19 de octubre de 2015

PRESAGISTA


Ni bruja ni verduga. No soy más que una simple y joven mujer que puede anunciar tu muerte, en día y hora exactos. 
No elegí mi destino ni atributos. 
Todo comenzó cuando tenía 5 años y mientras acariciaba el cabello de mi madre, rompí en llanto y le pedí que no muriera. "Claro mi amor...Mamá estará contigo por mucho, mucho tiempo más". Y no fue así. Mis lágrimas no cesaron por tres días, hasta que mi padre intentó explicarme lo que ya sabía. 
Vistieron mi cuerpo de seda negra y pusieron en mis diminutas manos, unas rozagantes flores de retama. Amarillas, tan amarillas como el rostro añejo de la muerte. 
Y con el paso del tiempo, no hubo persona que no huyera de mi presencia o se aterrara con mi estridente llanto. Mucho más, al comprobar que era inevitable el desenlace anunciado. 
Eso me hace diferente ante los ojos de los demás. Más...te pregunto...Qué tan diferente?. Acaso lo sepas o no lo sepas podrías cambiar el rumbo de las cosas? 
Aún no se han dado cuenta el gran favor que les hago. Muchos son los que quisieran saber cuando les llegará la hora de partir; pero las personas son cobardes y contradictorias. Y se marchan, mueren, desaparecen dejando un sin fin de asuntos sin arreglar. 
Vivo muy lejos de la ciudad donde nací. Trato de ser prudente y hasta me tomo la libertad de regocijarme cuando les doy la tan temida noticia. De todos modos, una gran parte de mis anunciados, han sabido agradecer infinitamente mis presagios. Y eso, me reconforta. 


Rita Mercedes Chio